El agobio del seriéfilo


El siglo XXI llegó con la llamada Edad de Oro de las series bajo el brazo. Es un término que algunos asociaban a la cantidad de ficción de calidad que se producía a principios de la década pasada; otros lo siguen utilizando para referirse a la cantidad en aumento de la oferta de ficción televisiva. Muchos factores han ido de la mano estos últimos años para favorecer según qué cosas en el mundo del seriéfilo. El estallido definitivo de internet y la descarga de las series que, aunque algunos ejecutivos aún se atrevan a negarlo, ha sido vital para su flujo internacional es sin duda uno de los factores determinantes; en España, por ejemplo, se estrena más ficción internacional que nunca a pesar de que es la nacional la que sigue ganando en cuanto a audiencia general se refiere.

Pero, ¿es tan de oro esta era? Sí y no. Por supuesto, los datos de pilotos producidos en Estados Unidos (el país más potente en cuanto a industria se refiere) engordan año tras año, se estrena una cantidad obscena de títulos nuevos que esperan ser el nuevo bombazo, títulos que en parte existen gracias a ese aumento en la exportación de contenidos, ya que basan gran parte de su presupuesto en la proyección o contrato a priori de ventas internacionales. Sin embargo, esto es un poco como la sensación térmica, y es que la cantidad desorbitada de información que circula en torno a la industria televisiva en general es cada vez más inmanejable y exagerada.

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