El Efecto Rashômon y el narrador no-fiable

Un leñador, un sacerdote y un peregrino se resguardan de la lluvia en un templo en ruinas a discutir sobre un asesinato y una violación. No, no es un chiste, es el punto de partida de ‘Rashômon‘, gloriosa obra de Akira Kurosawa que pone nombre a uno de los recursos narrativos más satisfactorios, dinámicos y difíciles de manejar.

El punto de vista un elemento clave a la hora de contar una historia. Desde la primera persona hasta el narrador omnisciente, el punto de vista determina cómo recibe el espectador la información; cómo, cuánta, cuándo, cual y a manos de quién. El narrador puede ser testigo y parte, puede ser ajeno a los hechos o puede ser múltiple, construyendo la historia desde varios puntos de vista.

Rashômon’ hacía suya la técnica de diversos puntos de vista de la misma historia, reflexionando sobre la subjetividad del narrador y cómo la percepción de los personajes se ve afectada por sus limitaciones de información, por la memoria, por sus creencias, por la influencia de otros o incluso por lo que quieren ver o creer. La verdad es subjetiva y las versiones de un mismo hecho contadas a través de varios personajes pueden ser ciertas y a la vez aparentemente incompatibles.

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Espera, si tú estás aquí eso quiere decir que... ¡Oh, cielos!

La vida no es ni bella, ni sueño, ni carnaval ni una canción. La vida es tan impredecible que un día, después de interminables noches de estudio o turnos eternos como residente en un hospital, decides arriesgar tu carrera y saltarte todas las reglas para salvar una vida. ¿Y cómo te lo pagan? Desterrándote a un pueblucho en mitad de la nada, obligándote a tratar a bichos raros. ¡O peor!, forzándote a volver a tu ciudad natal a justificarte ante todos los paletos de tu pasado por tu fracaso en La Gran Manzana.

No me he vuelto loca. Es que esto del verano aplatana de tal forma que lo que apetece es dejar a un lado tanta teoría y tumbarse en el sofá a pensar en la vuelta al cole seriéfila y en cuántos clichés narrativos veremos en las nuevas propuestas de las cadenas yanquis. 


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Echando el lazo al espectador: Los ganchos narrativos

En mis pasadas columnas he hablado de varios temas influyentes cuando se trata de captar y/o mantener al espectador como la anticipación, la suspensión de incredulidad o la accesibilidad; recursos o rasgos de formato que se pueden utilizar o tener más o menos en cuenta a la hora de elaborar una serie. En televisión, la estructura narrativa de la ficción se ve enormemente condicionada por elementos externos, algo que no dejo de repetir cuando escribo sobre estos conceptos, y hoy quiero hablar de uno vital, probablemente el más esencial en esa relación con lo extradiegético: el gancho.

Todos conocemos la clásica estructura en tres actos a la hora de desarrollar una historia, esa columna vertebral que pone los cimientos para la mayoría de los relatos audiovisuales, sean ficción o no. La consecución planteamiento-desarrollo/nudo-desenlace tiene infinitas formas de presentarse, con subestructuras más complejas que incluso a veces son capaces de camuflar o disfrazar esa estructura básica.



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Recursos narrativos: La anticipación



Como espectadores, nos gusta formar parte del relato. Nos gusta prever lo que va a suceder, adivinar qué camino va a tomar una historia o anticipar grandes clímax. El guionista aprovecha esto para jugar con el espectador, quiere por su parte que forme parte de la historia y colocar pistas que le lleven por donde a él le conviene. Sean señuelos o no, estos ganchos atrapan al espectador y le mantienen interesados y conectados con la historia.

Por supuesto, es un recurso peligroso. En el mecanismo anticipación-cumplimiento, la resolución de ese gancho es esencial y lo es por dos motivos: la satisfacción del espectador de ver resuelta su expectativa y la consolidación de la relación entre audiencia y relato. Esto no quiere decir que un señuelo sea malo por definición, todo lo contrario. Utilizado correctamente, esa pista falsa hará avanzar la trama igualmente en otra dirección distinta a la prevista por el espectador, que seguirá disfrutando de formar parte del juego.

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