Las claves del buen piloto


Siempre he defendido que una serie requiere varios episodios para encontrarse y establecerse, para adaptarse a su casting y para comprobar qué funciona y qué no. Precisamente una gran ventaja de la ficción televisiva es que su carácter seriado permite una gran evolución y ajuste del contenido, y por es por esto que juzgar y rechazar un nuevo título tras su piloto puede ser un gran error, además de injusto.

Sin embargo, cuando decenas de series se unen anualmente a las producciones existentes, es complicado poder dedicarle a los nuevos estrenos el tiempo necesario para valorarlos. En este entorno, el piloto cobra una importancia vital tanto para la cadena como para el espectador; una presión de la que rara vez logra salir bien parado.

Los descalabros comienzan ya en la etapa de promoción. Como comentaba hace unos meses, el High Concept facilita mucho las labores de marketing; concentra en interés en un punto de partida o un catalizador de conflictos llamativo. Aunque estos reclamos suelen funcionar, crear una expectativa tan grande es una práctica de riesgo que aumenta la posibilidad de decepción y, como consecuencia, fuga de audiencia en el segundo episodio.

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