Cada serie tiene su momento (Meme)

Para algunas series, necesito estar en el momento adecuado o tener las condiciones externas óptimas para entregarme a ellas y disfrutarlas al máximo. No soy Mónica Geller, no me estalla la cabeza si alguna vez no se cumplen, pero las preferencias existen. Y aquí van.

Para ver en la sobremesa del domingo.
Por algún motivo, las series familiares me gusta más disfrutarlas una tarde de domingo, que suele ser la más relajada de la semana. Suelo reservarme Brothers and Sisters para este momento. Con Shameless adquirí la costumbre de guardarme dos o tres episodios y verlos seguidos en minimaratón.

Para ver mientras comes:
Generalmente suelo recurrir a una comedia ligerita How I Met Your Mother es una buena opción. Modern Family y Raising Hope suelen acompañarme en mis cenas también.

Para ver por la noche.
Es algo extraño. Hay series que TENGO que ver por la noche o, al menos, a oscuras. Es una manía rara que no puedo evitar y me sucede con títulos como Fringe o Dexter. De alguna forma favorece que entre en la atmósfera de la serie.

Para ver en multitarea:
American Idol, Top Chef, The Amazing Race y demás programas del estilo entraron en mi parrilla personal para amenizarme otras tareas. Ahora mismo han salido de esta categoría y han dejado paso a aquellas series que ya no disfruto tanto pero que me cuesta mucho dejar. Ahora mismo, es el caso de Bones y Supernatural (aunque tengo que decir que los dos últimos episodios fueron de sofá y 100% atención).

Para ver con comida:
No, no está repetido. No es lo mismo ver mientras comes que comer mientras ves. En el caso de Top Chef, es absolutamente necesario tener comida a pesar de que sea contraproducente. Ahí estoy yo normalmente con mi colacao con crispis viendo cómo los concursantes elaboran delicias gastronómicas.

Para ver en el metro o haciendo ejercicio:
Como la veo doblada, no me importa verla “en pequeño” y tiene una duración óptima para estas cosas, Padre de Familia suele ser mi mejor opción para ver en el iPhone en viajes y demás.

Para ver en chat con otros seguidores:
Generalmente prefiero ver las cosas a mi bola y ritmo, pero hay programas que ganan enteros en compañía. Desde que veo The Amazing Race con amigos virtuales, el concurso ha ganado mucho. Pero la reina de esta categoría es Tru Blood. Tanto es así, que cuando me pierdo el chat por lo que sea, el episodio de esa semana me cuesta horrores verlo.

Para ver cuanto antes:
Ya he mencionado algunas que irían en esta categoría pero, por no repetir, me limitaré a decir: Breaking Bad y sus maravillosos finales de episodio adrenalíticos y sus cliffhangers maltratadores de espectadores.

El visionado para entendidos:
¿No habéis visto algún capítulo avanzando la barrita del play al gusto? Eso es el visionado para entendidos, práctica que yo aplico últimamente a todos los episodios de Glee. ¿Qué me aburre una trama? Paso las secuencias de una trama (Will y Emma, revolcaos ya y dejadnos vivir) o voy buscando algún número musical. O, si me sangran los oídos con una canción, hale, pasando.

Para ver “con twitter":
No importa que sea el estreno de El Barco, la miniserie de Felipe y Letizia o un concierto retransmitido de Miley Cyrus, la tele con twitter y sus hashtags es muchísimo más divertida.

Para ver en 720p.
No tengo telaca y la potencia gráfica de mi ordenador deja mucho que desear, así que yo limito mucho lo que me bajo en HD y, en estos momentos, solo hay dos series con el privilegio: Fringe y Juego de Tronos.

Para ver doblada.
La costumbre hace que aún tenga un par de series que veo dobladas. Una es Padre de Familia, aunque vistas las intenciones de emisión es posible que abandone por la versión original. La otra es House. Sí, la veo en familia, así que toca verla doblada. Pero no voy a negarlo, tampoco me quejo.

Para ver en maratón.
Con el paso del tiempo uno suele descubrir qué series prefiere ver en maratón, administrándose los episodios en vez de seguir el tradicional semana a semana. Es mi caso con Dexter, que me genera tal adicción y admiración que suelo intentar acumular el mayor número de episodios posibles antes de verla. Normalmente no aguanto a verla toda del tirón, pero sí en dos o tres tandas.


Y hasta aquí las manías seriéfilas de visionado. Lo he planteado como un meme así que sentiros libres de seguirlo en los comentarios o en vuestros blogs (si me avisáis, mejor, que así pongo aquí un link). ¡Ah! Y espero leer alguna manía extra ;)

Lo han seguido: En mi pantalla, Tv Killed the movie star,

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En la mente de Olivia

Cuidado, en estas líneas voy a reivindicar las maravillosidades del último capítulo de Fringe, el 3x19. Si no estás al día con la serie, mejor que no sigas leyendo.

Combinar y cerrar tramas, definir y evolucionar personajes, mezclar comedia, drama, suspense y acción, aprovechando todos los puntos fuertes de una serie no es tarea fácil. Por eso “Lysergic Acid Diethylamide”, decimonoveno episodio de la tercera temporada de Fringe, ha sido para mí uno de los mejores de toda la serie.

Olivia está perdida en su propia mente y no me extraña, han pasado tantas cosas que la consciencia de un viejo invadiendo su cabeza es la gota que colma el vaso. No se fía de nadie… ¿Y cómo iba a hacerlo? Ha descubierto tantas cosas sobre su pasado y sobre su existencia que ni siquiera aquellos que son ahora su familia están a salvo en su subconsciente.

Con esta premisa, los guionistas de Fringe nos introducen en una vorágine de emociones reprimidas y asuntos pendientes de nuestros protagonistas.

Olivia ha sufrido mucho desde que volvió del otro lado, no comprendía como Peter, la persona que más la conoce en este mundo, no desenmascaró a la farsante. Ese abismo entre ambos, sólo perdonado y olvidado en apariencia, ha sido superado por fin. Él no sólo demuestra que comprende y conoce a Olivia sino que ya nunca volverá a cometer el error de no ver la verdad tras sus ojos. Esa niña arrinconada a la que reconoce y rescata de su escondite, debe superar sus miedos y enfrentarse a aquello que más la aterroriza: su padrastro. Olivia se arma de valor y supera por fin el mayor de sus temores.

Sólo hay que verles a ambos tras el exitoso experimento. Ese Peter serio, angustiado por todo lo que está sucediendo, preocupado por ella y atormentado por el error de haberla abandonado al otro lado, por fin sonríe aliviado a una Olivia despreocupada y relajada como nunca la habíamos visto. Un paso de gigante para ambos.

A Walter aún le pesan todos sus actos del pasado y le atormenta lo que va a suponer para el futuro de los dos universos y de su hijo. Es algo muy difícil de superar y con Belly a su lado se siente más seguro para enfrentarse a todo ello. Pero su gran amigo le deja ver que ha cambiado: ahora tiene la sabiduría de la humildad y sabrá obrar bien. Con esto, Walter ganará esa confianza que había perdido la batalla contra la desesperación y la culpabilidad. Además, necesitaba ese no-adiós pendiente y dejar definitivamente que el Walter del pasado se despidiera junto con Belly.

Broyles ha visto la muerte. Ha visto a su otro yo perder la vida que él no tiene y desearía tener. El LSD rompe esa apariencia impenetrable que le caracteriza para enseñarnos su parte más humana. Tiene miedo. Y lo más brillante de todo es cómo se camufla algo tan revelador en uno de los momentos más cómicos de toda la serie.

No voy a entrar en comparaciones absurdas con Inception (que no inventó las incursiones al subconsciente, señores) ni a comentar el tema de la animación (que personalmente me ha resultado un toque curioso, original y elegante además de una buena forma de solventar un problema) porque precisamente lo que pretendía destacar aquí es cómo Fringe aprovecha tanto la forma como el fondo a la hora de contarnos las historias de sus protagonistas. Cómo una simple palabra, FEARS, que deletrea en los cortes publicitarios, resume uno de los guiones más cuidados, emotivos y efectivos de la serie. Es capaz de hablarnos de los traumas del pasado, de los miedos al futuro, a nuestros errores, de la confianza en uno mismo, del amor y la amistad en un episodio trepidante, intenso y diferente, con mucha comedia, con acción, con misterios y reforzando las peculiaridades de unos personajes perfectamente definidos a la vez que los evoluciona.

Si no te ha gustado este episodio… No te gusta Fringe.


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Mi reconciliación con Ted Mosby

Tengo mala memoria. Cualquiera que me conozca un mínimo lo sabe. El cocktail peligroso se crea cuando unimos esa realidad con esa característica común a toda persona humana que nos hace recordar mejor los acontecimientos más recientes. Somos más efusivos con una serie que nos apasiona actualmente que con una que nos ha decepcionado, aunque hace sólo unos meses se contase entre nuestras favoritas. Somos así de desmemoriados… y yo, más.

Es por eso que últimamente renegaba mucho de How I Met Your Mother porque, aunque he pasado grandes momentos con ella, sobretodo en su segundo y tercer año, los altibajos de la cuarta y la quinta me tenían tan desencantada que casi había eclipsado los buenos momentos.

Pero hoy vengo a contarle al mundo porqué he encontrado mi cariño perdido por una serie que en su día supo hacer suyos los elementos de un género formateado hasta el hastío. Una serie que cayó en la repetición, abusó de fomentar el misterio de la madre y malgastaba todos sus esfuerzos en crear expectativas que no sabía cumplir. Por el camino, encontró en las excentricidades de Barney un salvavidas y poco a poco ha ido fortaleciendo lo peculiar de sus personajes y explotando las posibilidades de su reparto a la vez que exploraba un nuevo tono en sus historias.

How I Met Your Mother es ahora una comedia más adulta. La cumbre de este cambio que tan bien le ha sentado ha sido lo sucedido con Marshall, dos episodios que derrocharon saber hacer a la hora de mezclar drama con comedia sin desequilibrar la balanza. Ahora, estos cinco chicos de Nueva York han madurado y junto a ellos, la serie. Pero todo tiene un precio y, en este caso, se han quedado por el camino esos gags creados para provocar la risa más facil. Esa tipo JAJA.

Por supuesto, mucho tiene que ver con todo esto el hecho de que conozcamos tan bien a los personajes. Los guiños y detalles más sutiles cobran más importancia y un comentario de cualquiera de ellos tiene un significado más profundo, una ventaja en toda serie veterana que no todos saben aprovechar. ¡Hasta Ted es interesante! Marshall y Lilly siguen siendo el rudo pilar que sostiene los valores de la serie y el potencial cómico de Robin se aprovecha al máximo en cada momento. Las tramas son más elaboradas y tienen efecto en los protagonistas más allá del chiste fácil. Quizá el más perjudicado en todo esto sea Barney, el más infantil del grupo que se ha visto cara a cara con un elemento madurador en potencia pero que ha hecho poca mella en el papel que juega en la dinámica de la serie y a mí, en ocasiones, ya me cansa.

How I Met Your Mother ha vuelto a ser una de esas series que me alegra tener semana semana y después de una temporada que me ha traído tantas decepciones y abandonos, una reconciliación viene mejor que bien, para variar. Como conocí a vuestra madre.



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INTERNET ESTÁ AHÍ, PERO VAMOS A VER QUÉ PASA.

Hace tiempo que quiero abrir una sección offtopic para hablar de ciertos asuntos que, aunque no entren literalmente en el parámetro “Hablando de series”, afectan al mundo audiovisual en general y considero igualmente interesantes. Y qué mejor tema para estrenar la sección que hablando del nuevo presidente de la Academia de Cine en España: Enrique González Macho.

A raíz de su candidatura y elección, González Macho lleva unas semanas paseándose por medios de comunicación y presentando sus intenciones para con el cine español y lo que le rodea.

Esta misma mañana era entrevistado por Carles Francino en La Ser, donde presentan al invitado con uno de sus conocidos reportajes-lameculos que califican a Internet como monstruo de mil cabezas al que hay que domesticar y valoran alguna de sus declaraciones como “sablazo a los internautas”, entre otras perlas. Realmente no podríamos esperar otra cosa de unos medios que se llenan la boca llamándonos piratas.

Si González Macho ha demostrado algo en sus declaraciones referentes al tema de Internet, es que sabe escurrir el bulto como pocos. Cuando le preguntan sobre la solución ideal al respecto, independientemente de leyes u otros factores, su respuesta es que Internet es el futuro, no es el presente por mucho que se diga. Si yo tuviera la solución estaría en un Yate en las Bahamas. ¡Anda!¡Como los de SeriesYonkis!.

En la rueda de prensa del domingo, tras conocer su victoria frente a Bigas Luna, admitía que le preocupaba el día a día. Internet forma parte de un futuro que no está definido y que no cambiará mucho, pues unos harán contenidos, otros los distribuirán y sólo cambiará la recepción. Complementaba tal conocimiento en otra entrevista de La Ser, donde le preguntaban por el modelo de negocio para el cine en la red. Él respondía: Todavía no lo se, me encantaría ser adivino pero no lo se. Internet está ahí. Es una gran parte del futuro, no me atrevo a decir que todo. Pero vamos a ver que pasa.

Vamos a ver qué pasa”. Esta es la posición del nuevo presidente de la Academia de Cine. En la presentación de su candidatura que podéis ver aquí, decía además que hay un modelo actual que aparentemente está algo caduco -Aparentemente puede ser que quizás puede que estemos obsoletos-. Su gran argumento es que el futuro aún no ha llegado y que nadie puede preveer cómo será. “Todos sabemos que pasará por Internet y las nuevas tecnologías pero habiendo una cosa y otra todavía no, procuremos defender lo que existe hasta que llegue lo nuevo sin perder de vista el ponernos al día en todo lo que está llegando”.

El cambio está sucediendo en todo el mundo. Estados Unidos, país que él tanto se empeña en afirmar que está tan perdido como nosotros, está en pleno cambio, y vemos empresas consolidadas o iniciativas pioneras que implican streaming, Facebook o incluso torrent. Pero aquí no. Aquí somos muy españoles y preferimos sentarnos y desarrollar la política del verlas venir.

Sus pocas alabanzas a Internet son de boquilla y por compromiso. Él mismo se deja en evidencia cuando afirma categóricamente cosas como que "Internet, que creemos que es un arma fundamental del futuro, hoy por hoy todos sabemos que está haciendo una función parasitaria, que no tiene unas regulaciones y circunstancias para proteger a los creadores”.

Internet es un arma fundamental para el futuro, dice, pero no tiene ninguna intención de conocer el arma ni explorar el futuro. De lo segundo ya he comentado suficientes declaraciones para respaldarlo, que bien se puede resumir con su vamos a ver qué pasa. Pero quiero hablar de su desconocimiento del mundo de Internet.

Ya sabíamos que un blog es una web que a menudo publica enlaces ilegales, pero parásitos no se si nos habían llamado antes. Al menos los Piratas tienen barcos y beben ron. González Macho se hace el moderno como fundador de Filmin. Sí, yo soy la primera que defiendo filmin como iniciativa pero soy consciente de sus fallos y de que supone un paso ínfimo en esta área. Parece que él no. Decía en la rueda de prensa que ellos fueron los únicos locos que lo han hecho y los resultados han sido más que negativos. “Se de lo que hablo”. No. No sabe. ¿De verdad pensaba convertirse en el portal de cine en streaming definitivo con un catálogo de películas indies e independientes? ¿No sabe que Avatar, una revienta taquillas, fue la más descargada de su año?. Él mismo admite que han perdido a cierto perfil de espectadores y que la gente no tiene en alta estima al cine español. Él mismo afirma los pobres datos de taquilla de nuestro cine… ¿Pensaba entonces que lo iba a petar con una plataforma donde ofrece ese cine a esos espectadores?. Filmin es más que aceptable para lo que es, pero no nos engañemos.

Sus declaraciones sobre filmin siguen la línea victimista que tanto vemos en el mundillo del cine español. El otro candidato a la presidencia ya dijo en su día, y con muchísima razón, que nadie estaba poniendo el ojo en las empresas de telefonía, que son las que se están quedando con todo el dinero que nosotros pagamos para acceder a los contenidos de Internet. Pero claro, poco tardó en barrer para casa y lloriquear que habría que exigir que pagasen subvenciones al cine español. ¡Más subvenciones al cine español!. Que me subvencionen el blog, ya que están.

González Macho va en la línea cuando se quejaba de que el cine español no ocupa el lugar que se merece en las televisiones. “Las televisiones privadas utilizan espacio radioeléctrico que es de todos y no pagan lo que deberían, además de que su postura frente al cine español deja mucho que desear”. Tócate. Resulta que además de obligar a empresas privadas a invertir un porcentaje de sus beneficios en cine español ahora tienen que hacer de hermanitas de la caridad y programar películas que, como ya sabe González Macho, no interesan a nadie. Pero claro, es mejor patalear porque no les llega más dinero para subvencionar las producciones que hacen para mirarse el ombligo y vivir del cuento que crear títulos pensando en el público.

Un oyente de La Ser ha preguntado por las subvenciones esta mañana, porque no comprende como una película como El Orfanato, que recaudó lo que recaudó, obtiene subvenciones, a lo que él contestado que todas las películas tienen el mismo derecho. No se puede penalizar el éxito. No claro, no se debe. Porque si penalizamos el éxito, a lo mejor también habría que penalizar el fracaso y entonces seguro que no se hacían más de 100 películas al año...

En esta línea victimista también están sus declaraciones con respecto a la versión original. Es un gran defensor de la misma y llama al doblaje aberración, considerándolo una malformación de la obra, aunque dice ser consciente de que no se puede imponer, pero sí fomentar. Hasta aquí una piensa: todo perfecto. Pero no. A González Macho le encantaría imponer la versión original no por la integridad de la obra, no, sino porque considera que las películas extranjeras dobladas son competencia desleal, y eso no es justo.

Pero las pataletas continúan con el tema de la digitalización de los soportes. Lo acepta, casi a regañadientes parece, porque aunque siendo un poquito excluyente, lo han aplicado porque se puede llegar a más sitios, hacer copias más fácilmente… Pero claro, lo identifica como otra “forma de que haya más de lo mismo y menos de lo nuestro. Las cosas son las que son y si se pueden tener 900 copias de una cosa, pues de lo nuestro en vez de 300 a lo mejor hay 100. "

“Cosa”. “Lo mismo”. Habla con términos vagos pero supongo que con “lo mismo” se refiere a cine que recauda y a “las cosas son las que son” se referirá a que la gente va a ver lo que le llama la atención.

Si es que no puede ser… Los espectadores van a ver lo que les llama la atención, la evolución tecnológica odia al cine español con su digitalización y su Internet y además ponen las producciones internacionales dobladas y me hacen la competencia. ¡Jo, qué rollo mami, todos están contra mí!.

Podría seguir hablando de algunas de sus declaraciones, como la respuesta al tema del precio de las entradas. Que vemos la botella medio vacía, dice. Que ir a misa es gratis pero el cafelito de antes y el asado de después no. Mi profe de economía lo llamaba coste de oportunidad... Que no se entere la Iglesia que González Macho está sugiriendo que por lo que te cuesta ir a misa, mejor vas al cine. Aunqe peor es lo que sugiere Francino: que por lo que cuesta ponerte desodorante, vas al cine.

Personalmente, si lo que me ofrecen es todo esto... Yo prefiero oler bien.

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Cinco motivos para ver The Killing

Sarah Linden ha decidido dejar su puesto en la policía de Seattle, y mudarse al calor californiano junto a su hijo y su prometido, cuando se ve envuelta en la desaparición de una joven. Este es el punto de partida de la nueva producción que AMC ha estrenado el pasado domingo con una emisión doble. ¿Por qué merece la pena echarle un ojo?


No es televisión, es AMC

La cadena de Breaking Bad, Mad Men , The Walking Dead y Rubicon parece esforzarse en no dar un paso en falso y, de momento, lo está consiguiendo. Con The Killing, adaptación de una serie Danesa, vuelve a presentar un trabajo original, cuidado y de calidad. Me sorprende positivamente de AMC que no han querido encerrarse en un único perfil o corte de serie como sí hacen otras como Showtime y con cada nuevo título exploran nuevos géneros o tonos en sus historias.


La ambientación
Como cualquier ciudad europea de novela nórdica que se precie, Seattle se transforma aquí en una ciudad gris y lúgubre, un ambiente lluvioso, mustio y casi siniestro que pesa casi tanto sobre los hombros del espectador como lo hace sobre los personajes. Este entorno lánguido abate a un abanico de personajes que tienen que enfrentarse a un momento ya duro, potenciando y remarcando así el estado de ánimo de quienes tanto sufren.

Los personajes liderados por una protagonista magnética.
Mireille Enos tiene algo. Es casi como una especie de mezcla perfecta entre la frialdad controlada de Olivia Dunham (Fringe) y la mirada amable pero escudriñadora de Brenda Lee Johnson (The Closer). La actriz consigue dar a la detective Sarah Linden un corte misterioso, interesante y original que eleva las secuencias que protagoniza. El resto del reparto no se queda corto. Michelle Forbes hace un trabajo excelente como madre desgarrada que tiene una secuencia concreta que llega al corazón del más rudo. Acompañan a las señoritas el compañero policía agresivo y con sus propios métodos, el candidato a la alcaldía y sus seguramente falsos aires de honestidad o la afectada amiga que esconde más de lo que parece, entre muchos otros.

El tono.
Muy en relación con esa atmósfera casi tenebrosa de la que hablaba antes, encontramos una historia contada con un tono muy equilibrado que no se excede en el drama ni la sobriedad pero tampoco escatima en honestidad y naturalidad. La narración se abandona a los momentos más crudos de la historia haciéndonos partícipes de ellos sin posicionarse. No es necesario que lo haga, la emoción aflora por sí misma.

El caso.
Al puro estilo Twin Peaks y su ¿quién mató a Laura Palmer?, pero sin raritos, The Killing nos sumerge en la historia de una desaparición, de un asesinato, cuya evolución vemos a través de los ojos de aquellos que, de una forma u otra, se ven implicados en él. Desde un punto de partida policíaco, no se deja llevar por los convencionalismos del género y aprovecha también sus aspectos de serial dramático con toques de thriller.

Conclusión: The Killing ha resultado ser aún más interesante y recomendable de lo que ya auguraba que sería cuando todo lo que teníamos eran promos. La serie muestra hábilmente todas sus armas y mejores cualidades con los dos episodios emitidos así que no dudéis en darle una oportunidad.

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