No. Starmax HD no va a revolucionar la televisión.

Casi diez años después de la absorción de Via Digital por parte de Canal Satélite Digital llega a España Starmax HD, una nueva plataforma audiovisual por satélite que, suponiblemente, tiene su lanzamiento programado para mañana 29 de Marzo.

Durante las últimas semanas se han extendido por la red muchos rumores respecto a esta nueva plataforma. Como ya comentamos en el último episodio de OhhhTv, la característica más destacable de Starmax HD reside en la modalidad de servicio de suscripción, que será prepago. Los últimos rumores apuntan a un precio de 14 euros mensuales con un desembolso inicial de 60 a 80 euros por la adquisición de receptores y decodificadores. De momento se habla poco de los contenidos (Eurosport, Discovery Networks y el regreso de BBC Entertainment entre otros) y destacan las funciones de DVR del receptor además de la posibilidad de conexión a Internet para emisiones en streaming.

Despídete de la televisión tal y como la conoces es el claim de la empresa, pero ¿Era Starmax HD el siguiente paso que necesitábamos en la oferta de contenidos televisivos en España? Pues no. No lo era. Quizá sea algo prematuro sacar conclusiones únicamente a raíz de rumores, pero el error de base seguirá estando ahí y es que de nuevo hacen del medio de transmisión, de la plataforma, la novedad.

En estos momentos, la plataforma con más futuro del mundo es Internet. Es la que más contenidos genera, tiene el poder de eliminar todo tipo de barrera geográfica y requiere una infraestructura básica disponible para casi todos. Entonces, ¿Por qué nos empeñamos en seguir “innovando” donde no es necesario hacerlo? Y utilizo las comillas porque, qué queréis que os diga, esto del prepago no es más que una buena estrategia de marketing que aprovecha de la falta de información del espectador medio sobre las posibilidades de Internet y las diferentes ofertas que existen actualmente en contenido audiovisual.

Ya lo se, en España aún no disponemos de la gran mayoría de ellas pero precisamente ahí está el problema. Plataforma, check. Contenidos, check. Sólo hace falta un modelo de negocio. Y no estamos hablando de inventar la rueda, que monetizar una plataforma en Internet puede provocar dolores de cabeza, pero ya existen industrias con modelos de negocio rentables que siguen creciendo.

Ahí tenemos Netflix, un servicio que ofrece contenido audiovisual en streaming que no sólo acapara más de la mitad del negocio en estados unidos ofreciendo contenidos de terceros por menos de 8 euros al mes, sino que sigue creciendo y su siguiente paso será la producción propia de contenidos.

Netflix ya intentó llegar a España pero se encontró con un muro de medidas proteccionistas custodiado por ese troll gigante llamado SGAE. A principios de marzo, Digital + anunció que tenían entre manos el lanzamiento de su propio videoclub y a los contenidos cinematográficos que ya ofrecían en iTunes o Filmin, se unen los televisivos. Pero volvemos a lo mismo: Netflix ofrece por 8 euros mensuales un catálogo de más de 100.000 títulos de todo tipo tirando de un modelo de tarifa plana que también está cuajando en otras industrias. Esto se pasa por alto en todas las estrategias españolas que, en su tendencia al cortoplacismo, como Digital + Videoclub, ofrecen una película en HD a 5 euros. Que sí, que el plan de Digital Plus tiene puntos positivos y no deja de ser un paso, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.

En Estados Unidos, aunque nos saquen muchas cabezas de ventaja, también temen por sus modelos de negocio y la intención de Netflix de convertirse en productor de contenidos ha sido interpretada por algunos como competencia desleal, amenazando con retirar o retrasar títulos del catálogo. Pero esta típica rabieta, como muchas otras, será pasajera y los propios implicados trabajarán para sostener su mercado como han hecho hasta ahora y avanzar a la vez que la tecnología. ¿Y aquí qué es lo que hacemos? La Ley Sinde.

Después de demasiado divagar, cierro volviendo al detonante de esta reflexión. Starmax HD es una oferta que no responde a una demanda real, que últimamente navega entre una TDT cada vez más establecida, Digital Plus e incluso ONO y otras propuestas de cable. Quieren vender un tipo de televisión a la carta basada el método de pago en lugar de centrarse en los contenidos y su accesibilidad. ¿Funcionará? Es una pregunta que sólo la experiencia responderá pero tanto como si lo hace, que lo dudo, como si no, la industria de los contenidos audiovisuales habrá ganado muy poco con ello.


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De serie estrella a serie siesta

Seguir una serie requiere lealtad, paciencia y, a veces, fe. La vida de un producto de la pequeña pantalla puede verse truncada en su mejor momento o alargarse innecesariamente hasta morir sin dignidad, y son pocos los títulos capaces de superar la casi imposible tarea de ser constante en calidad, interés, evolución y esos elementos que les caracterizan.

Un momento duro como espectador fiel llega al descubrir los evidentes e ineludibles signos de cansancio de nuestras favoritas. A veces ya no es tanto el cansancio como un conjunto de decisiones en el rumbo de la historia o los personajes que no acaba de cuadrar. A veces se pierde el foco y la intención, otras se desperdician oportunidades o se pierde la esencia de lo que un día fue.

Precisamente todo esto me está pasando a mí desde hace tiempo con dos series a las que siempre he tenido mucho cariño. Una es Bones. Bones no me llamaba en absoluto, los procedimentales están lejos de ser lo mío, pero ante el entusiasmo de algunos seriéfilos de fiar y en un momento de debilidad gripal que requiere visionados que no necesiten demasiadas neuronas activas, decidí empezarla. Y me enganché sin remedio.

La principal y mayor ventaja de Bones siempre han sido los personajes, pero no la única. Sus casos pocas veces son interesantes y en el momento en el que la serie ha dejado de aprovechar y explotar las mejores cualidades de su elenco, todo se ha ido al garete dejándonos una temporada digna de siesta profunda. De esas de cama, pijama y persianas bajadas. Los secundarios están desaparecidos en combate, la frescura de los internos rotativos ya no es tal y, lo peor, la comedia brilla por su ausencia. Cuando todo esto lo unes al hecho de que la relación de Booth y Brennan ha perdido fuelle y se hace muy repetitiva, el desastre está vendido.

Cuando llevas tanto tiempo con una serie (¡¡Seis temporadas!!) resulta complicado abandonar. Existe ese vínculo con los personajes consecuencia de todo lo vivido que nos vuelve optimistas. Con Bones, sin embargo, mi desconexión ha sido tal que estoy hasta pensándome si concederle hasta final de temporada. La que dudo que abandone pase lo que pase es Supernatural.

También con seis temporadas a sus espaldas y habiendo estado durante dos temporadas entre mis favoritas del momento, ahora la sigo decepción y pereza. Ya he hablado aquí muchas veces de porqué llegó a ser una de las series que más disfrutaba semana a semana y es que los Winchester ya tienen tal hueco en mi corazón seriéfilo, que nunca podré abandonarlos.

La quinta temporada debería haber sido la última. Incluso entonces ya notaba signos de que algo no iba bien, cuando se vendía demasiado al drama de su mitología perdiendo el humor que le caracterizaba por el camino. Pero seguía regalándonos grandes momentos hasta llegar a ese magnífico final que debería haber cerrado la serie.

A medida que avanza la actual sexta temporada esa dramatización se ha llevado al extremo y el humor casi ha desaparecido. Se han entregado a una serialidad que trata con demasiada trascendencia. Y no rechazo a que una serie cambie y evolucione, todo lo contrario, pero no hasta el punto de perder la esencia que solía hacerla especial. Ese cóctel ligero de historias autoconclusivas, buenrollismo, humor, tiras y aflojas ente los hermanos y las dosis justas de trama principal capítulo a capítulo que tanto llegaron a perfeccionar se ha perdido.

Ahora nada de lo que está pasando me interesa, los intentos de golpe de efecto no me calan, han conseguido que la gran trama que involucra a ángeles, demonios, almas, planes, venganzas y demás me aburra soberanamente y cuento con los dedos de una mano amputada los episodios que me han gustado, todos con una cosa en común: me recordaban a la Supernatural de siempre. Pero estaré con los Winchester hasta el final. Al fin y al cabo siguen regalándome episodios como "The French Mistake". Tengo esperanzas. Las esperanza de la fiel y paciente seguidora.


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Conociendo, y amando, a los Gallagher.

Shameless tiene ocho temporadas y casi 90 episodios a sus espaldas. Siete años después de su estreno en el británico Channel 4, Showtime decidió que quería esta peculiar familia entre sus series y ordenó la producción de una versión propia que ha estrenado a comienzos de 2011.

Antes de explicar los motivos que la coronan, en mi lista, como el mejor estreno del año, quiero aclarar una cosa con respecto a la adaptación y las comparaciones: No he visto Shameless UK. Quizá me lo plantee en un futuro, quizá no, pero este comentario trata la serie como un producto único sin referencias previas. Dicho eso, ¿Qué tienen de especial los Gallagher para haberse convertido en uno de mis mayores disfrutes actuales?

Me gustan los dramas familiares. De siempre. Y no es un género fácil; la coralidad implícita en el género complica las cosas ya que cada personaje tiene que estar vivo, bien definido y ser muy constante con sus acciones y en su forma de relacionarse con el resto. Shameless supera con creces un reto ya de por sí complicado por un elenco repleto de niños, y nos presenta un grupo de personajes cargados de detalles y peculiaridades, con sus toques over the top, que funcionan entre sí como un engranaje perfecto y cuya dinámica y química geniales van refinándose al milímetro con el paso de los episodios.

El cariño hacia los Gallagher nace muy pronto y evoluciona muy rápido gracias a una estructura de episodios que combina el aspecto autoconclusivo de “el problema de la semana”, enfocado generalmente en un personaje, con la maraña de personajes que intervienen y se ven afectados por él, haciendo cada vez más rica la serie.

El tono es otra de sus características más destacables y es que aún me resulta sorprendente la capacidad que tiene para transformar en comedia una situación tan triste, e incluso frustrante a veces, y realmente tan dramática en el fondo. Shameless nos presenta a unos hermanos abandonados por su madre e ignorados por su alcohólico padre que tratan de salir adelante a base de engaños y chiquilladas de todo tipo, siempre pasando la línea de la legalidad y viviendo al borde del abismo.

Con un planteamiento como ese, podríamos tener una serie con demasiada carga dramática pero Shameless coge todo lo intenso de la historia y le da la vuelta con un humor cínico, sucio, ácido y de mala baba. No tiene miedo a sacar de quicio las situaciones, a rozar la línea del absurdo, a llevar a sus personajes al extremo o a hacerles sufrir a pesar de la demostrada ternura que les tiene porque, haga lo que haga, ha sido tan hábil construyendo sus propias reglas que nunca pierde verosimilitud.

Shameless es una serie que crece con cada episodio, cada vez más enrevesada, con historias interesantes, emocionales y nada predecibles y con un casting a la altura de las circunstancias tanto en momentos más cómicos como en los más dramáticos. Todos los actores están excelentes, pero hay que destacar el papel de William H. Macy, quien construye su fácilmente odiable Frank con unos toques de simpatía para acompañar a su patetismo, o también Emily Rossum, una Fiona que lleva con mucha solvencia el peso de todos los dramas familiares.

Los Gallagher no son la típica familia trash ni Shameless la típica serie familiar y es por ello que semana a semana, es una de las series que más disfruto actualmente y sin duda el mejor estreno que he visto en este 2011. Para terminar de abrir el apetito, echad un ojo su cabecera, que sirve muy bien como introducción a la serie. ¿Qué haces que no la estás viendo?

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El Cuatro que va después del Cinco

La adquisición de Cuatro por parte del Grupo Telecinco sigue desencadenando ríos de tinta y bits con respecto a intenciones, consecuencias, despidos, actuaciones o reflejo en la programación y línea editorial de ambas.

La semana pasada asistí a la presentación que Alberto Alarcón, director de programación de Cuatro, y Manuel Villanueva, director general de contenidos del grupo Telecinco, hicieron de la próxima temporada en materia de ficción internacional en Cuatro. Teniendo en cuenta los cambios que hasta ahora se han llevado a cabo, como el destrozo definitivo de Fama o el intercambio de programas entre todas las cadenas del grupo, aún no tengo muy claro cómo será el contenido de Cuatro de aquí a unos meses (sobretodo tras la junta de accionistas que tendrá lugar en abril) pero lo que sí han subrayado sus responsables en esta presentación es que la ficción internacional va a tomar aún más relevancia en su parrilla y ese eslogan de la cadena, “Las series eligen Cuatro”, como decía el propio Alarcón, seguirá más que presente.

Echando una mirada al primetime español en abierto de los últimos años, queda claro que el hueco de la ficción está dominado por la producción nacional, que obtiene niveles de audiencia considerablemente superiores a lo que consiguen los productos ajenos, principalmente anglosajones. Obviando su ya longeva presencia en la televisión por satélite, la aparición de las dos privadas más jóvenes, La Sexta y Cuatro, seguidas por el definitivo apagón analógico y un creciente interés promovido en gran parte por el acceso a información y contenidos que ofrece Internet, ha favorecido la presencia de las series extranjeras en nuestra programación. Precisamente fueron Cuatro y La Sexta las que aprovecharon este tipo de contenidos para diferenciar sus parrillas del resto, ofreciendo títulos de ficción internacional en horarios de máxima audiencia de forma constante, pero sin acabar de convertirlo del todo en un rasgo claramente diferenciador de la programación de la cadena. Sin tener en cuente recientes desviaciones y la entendible dispersión de los perfiles, en el caso de La Sexta, ese rasgo sería el humor mientras que para Cuatro sería la docurealidad y los programas de coaching.

Pero parece que Cuatro sí quiere convertirse en la cadena de la ficción internacional y realmente el Grupo Telecinco tiene la oportunidad de cesar el empeño de atraer grandes audiencias y centrarse en ese público joven y exigente que busca otro tipo de programación. Tiene la oportunidad de seguir rompiendo barreras y distancias, como hizo con Perdidos, y emitir las series de forma casi inmediata tras su estreno en el país de origen, ofreciendo la posibilidad del doblaje y la versión original subtitulada. Tiene la oportunidad de apostar por un primetime más arriesgado. Puede ser la primera en dejar claro la importancia de la segregación y público objetivo por encima de la audiencia general.

De momento, y como ya adelantaba, ha empezado creando una fotografía de títulos de ficción variada e interesante por la que apostar tanto en horarios de máxima audiencia como en huecos menos complicados o exigentes. Se ha hecho con “Los Kennedy”, polémica miniserie producida para History Channel que finalmente fue rechazada por los directivos del canal por diferencias de contenido y presiones políticas y que será emitida por fin en abril por ReelzChannel.

A esta miniserie se le unirán el resto de episodios de Millenium y Wallander. A sospechosas habituales como House, Anatomía de Grey o Castle, se le unen Mentes criminales, NCIS Los Angeles, series mudadas de Telecinco ya en emisión, Body of Proof (El cuerpo del delito), Conducta sospechosa (spin off de Mentes Criminales), No Ordinary Family (Los increíbles Powell), Spartacus, Blue Bloods, White Collar (Ladrón de Guante Blanco), Sons of Anarchy (Hijos de la Anarquía), Being Human UK o The Defenders (Los defensores). Asegura que emitirá la serie precuela de Spartacus y seguirá con sus series del late night como Mad Men, True Blood o Dexter. También están orgullosos de presentar Bob Esponja, inteligente adquisición perfecta para el access previo a El Hormiguero.

Sólo el tiempo dirá lo que el Grupo Telecinco tiene pensado para Cuatro y el resto de sus cadenas (FDF, La Siete, Boing y Divinity) pero de momento os dejo con el vídeo de las series que elegirán Cuatro este 2011.





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