Se te nota en la mirada...


Zoom, golpe sonoro, mirada asesina... y ya está todo el pescado vendido. La network americana ABC ha resucitado el culebrón de primetime con Revenge, una historia de venganzas y pasados turbios inspirada en el clásico de Dumas, El Conde de Montecristo.

La serie arranca con la llegada de Emily Thorne a los Hamptons, esa zona playera neoyorkina donde habita la gente con yate y casas como palacios. Lo que nadie en villaricos sospecha es que Emily es realmente Amanda, hija de David Clarke, un buen hombre al que las vívoras de la zona consiguieron cargar con un marrón que le llevó a la cárcel y a la muerte. El centro de aquella desgracia es la familia Grayson, capitaneada por la reina de las sonrisas falsas y las miradas chungas: Victoria. Uno a uno, Emily irá arruinando la vida de todo aquel que estuvo relacionado con el fin de la de su padre.

La mayor virtud de Revenge es que sabe lo que es. Es consciente de que todo está cogido por los pelos y de la escasa verosimilitud de alguno de sus giros, por lo que no se detiene a dar explicaciones innecesarias ni a encajar del todo las piezas, ¿Para qué? Los culebrones funcionan a base de golpes de efecto que, bien manejados, provocan tanta satisfacción al espectador, que olvida cómo se ha llegado hasta ahí, aunque sea una secuencia pasada de rosca digna de Kill Bill.

Otro gran punto a favor de la serie es que quema los cartuchos según le vienen y crea unos nuevos de la nada con mucho estilo. Eso de guardar a un lado una grabación comprometedora o una prueba incriminatoria para sacarla en un futuro no se lleva en Revenge. Los primeros capítulos de la temporada, de hecho, tenían una estructura autoconclusiva en torno a “la venganza de la semana”, una estrategia muy inteligente para ir atrapando audiencia fresca. Las telenovelas diarias utilizan ciertos recursos para recordar al espectador constantemente en qué consiste el juego y Revenge los adapta muy hábilmente con la caja de herramientas para la venganza que su protagonista revisa una y otra vez, viendo vídeos y tachando caras (¡qué satisfacción cada vez que tacha alguna!).

Y esas miradas. Miradas asesinas que lo dicen todo, con una genialmente enigmática y reina de hielo Madeleine Stowe a la que tienes ganas de aplaudir cada vez que eleva ligeramente el labio superior cuando se contraría. Que divertidas son esas sonrisas falsas, esos parpadeos lentos y esa forma de hablar tan calmada de ambas protagonistas femeninas.

Claro queda que no quiero mentir a nadie: Revenge es un culebrón con mayúsculas. Un gran placer culpable que se disfruta episodio a episodio y engancha irremediablemente. No digáis luego que no os he avisado...

1 comentario :

  1. Te leo mientras estoy haciendo mi propia maratón y no podría estar más de acuerdo. Somos unos culebroneros todos y no nos arrepentimos de ello. Danos unos cuantos giros de trama, unas zorras vengativas y pijerío, y nos tendrás a tus pies, o a los de Queen Victoria y Emanda, claro.

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