10 diciembre, 2011
Se te nota en la mirada...
Zoom, golpe sonoro, mirada asesina... y
ya está todo el pescado vendido. La network americana ABC ha
resucitado el culebrón de primetime con Revenge, una historia de
venganzas y pasados turbios inspirada en el clásico de Dumas, El
Conde de Montecristo.
La serie arranca con la llegada de
Emily Thorne a los Hamptons, esa zona playera neoyorkina donde habita
la gente con yate y casas como palacios. Lo que nadie en villaricos
sospecha es que Emily es realmente Amanda, hija de David Clarke, un
buen hombre al que las vívoras de la zona consiguieron cargar con
un marrón que le llevó a la cárcel y a la muerte. El centro de
aquella desgracia es la familia Grayson, capitaneada por la reina de
las sonrisas falsas y las miradas chungas: Victoria. Uno a uno, Emily
irá arruinando la vida de todo aquel que estuvo relacionado con el
fin de la de su padre.
La mayor virtud de Revenge es que sabe
lo que es. Es consciente de que todo está cogido por los pelos y de
la escasa verosimilitud de alguno de sus giros, por lo que no se
detiene a dar explicaciones innecesarias ni a encajar del todo las
piezas, ¿Para qué? Los culebrones funcionan a base de golpes de
efecto que, bien manejados, provocan tanta satisfacción al
espectador, que olvida cómo se ha llegado hasta ahí, aunque sea una secuencia pasada de rosca digna de Kill Bill.
Otro gran punto a favor de la serie es
que quema los cartuchos según le vienen y crea unos nuevos de la
nada con mucho estilo. Eso de guardar a un lado una grabación
comprometedora o una prueba incriminatoria para sacarla en un futuro
no se lleva en Revenge. Los primeros capítulos de la temporada, de
hecho, tenían una estructura autoconclusiva en torno a “la
venganza de la semana”, una estrategia muy inteligente para ir
atrapando audiencia fresca. Las telenovelas diarias utilizan ciertos
recursos para recordar al espectador constantemente en qué consiste
el juego y Revenge los adapta muy hábilmente con la caja de
herramientas para la venganza que su protagonista revisa una y otra
vez, viendo vídeos y tachando caras (¡qué satisfacción cada vez
que tacha alguna!).
Y esas miradas. Miradas asesinas que lo
dicen todo, con una genialmente enigmática y reina de hielo
Madeleine Stowe a la que tienes ganas de aplaudir cada vez que eleva
ligeramente el labio superior cuando se contraría. Que divertidas
son esas sonrisas falsas, esos parpadeos lentos y esa forma de hablar
tan calmada de ambas protagonistas femeninas.
Claro queda que no quiero mentir a
nadie: Revenge es un culebrón con mayúsculas. Un gran placer
culpable que se disfruta episodio a episodio y engancha
irremediablemente. No digáis luego que no os he avisado...
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Te leo mientras estoy haciendo mi propia maratón y no podría estar más de acuerdo. Somos unos culebroneros todos y no nos arrepentimos de ello. Danos unos cuantos giros de trama, unas zorras vengativas y pijerío, y nos tendrás a tus pies, o a los de Queen Victoria y Emanda, claro.